La importancia de la educación emocional

APROXIMACIÓN A LA EDUCACIÓN EMOCIONAL

Para entender la importancia de las emociones, y su influencia en el aprendizaje, me gusta poner el ejemplo de una pequeña flota de barcos pesqueros, realizando su labor diaria en la superficie del mar. En este símil, la eficiencia de los barcos pesqueros, hará referencia a la eficacia durante el proceso de aprendizaje de los niños, y el estado del mar, hará referencia al estado emocional de éstos.

Aunque no seamos expertos en el mundo de la pesca, todos sabemos que estos barcos pesqueros serían mucho más productivos los días en los que la superficie del mar se encuentra tranquila. Podemos imaginarlos, flotando sobre las plácidas aguas, en las cuales los peces nadarían de forma pacífica y serían presa fácil para los pescadores. Por el contrario, sabemos que si los mismos barcos pesqueros salen al mar en una jornada de aguas muy agitadas, las embarcaciones carecerían de estabilidad, podrían chocar unas con otras, y para colmo los peces se desplazarían a gran velocidad y de forma caótica bajo las aguas. Con total seguridad, los pescadores acabarían agotados y difícilmente podría ser un día productivo.

A veces detectamos dificultades de aprendizaje en algunos niños y pensamos que el problema está en sus procesos cognitivos, en que la manera de explicar de su profesor no es efectiva, o en las innumerables deficiencias del sistema educativo. Y es cierto que todos estos elementos pueden tener cierta influencia, pero también es posible que ninguno de ellos sea realmente determinante. ¡Tal vez el problema sea que estamos intentando realizar la pesca en el epicentro de un maremoto!

Como dice Javier Sierra, “las emociones son un material inflamable”. Nuestro estado emocional es determinante a la hora de encarar cualquier aspecto de nuestra vida. Sabemos que cuando no tenemos un adecuado estado emocional, la mayoría de los aspectos que componen nuestra realidad parecen no funcionar, ya que nuestras emociones determinan la calidad de nuestras decisiones, de nuestras relaciones, y además influyen en cualquier proceso cognitivo, ya sea de carácter lingüístico, matemático, artístico….

A los adultos, en determinadas ocasiones, nuestro estado emocional se nos antoja de una forma inestable, generándonos confusión y ansiedad. ¡Imagínate en un niño!

Debemos tomar conciencia de que, haciendo referencia al símil anterior, lo más probable es que la mayoría de niños realicen su jornada de pesca en un mar bastante “movidito”. Si bien es cierto que la capacidad de aprendizaje de un niño es mucho mayor que la de un adulto, debido a la mayor plasticidad cerebral en esas edades, también lo es que tienen una capacidad mucho más limitada que la de un adulto de gestionar sus emociones. El que pasa mucho tiempo con niños lo sabe. En un periodo de tiempo relativamente corto, cambian su estado emocional con mucha facilidad: ríen, se enfadan, quieren jugar, se aburren de ese juego y cambian, lloran, se asustan, vuelven a reír, discuten…

¡Imagina tener que aprender todo lo que se intenta inculcar en casa, en el colegio, en las clases de inglés, en el club de atletismo y en las clases de guitarra, con un estado emocional que parece una manada de caballos desbocados!

edemocional

LA IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN EMOCIONAL

A día de hoy sabemos que recibir una educación adecuada es esencial para cualquier individuo. Antiguamente se pensaba que el talento de cada individuo era algo innato, pero ahora sabemos que esto no es necesariamente así.

El filósofo especializado en educación José Antonio Marina, nos dice que el talento podemos definirlo como la capacidad de elegir bien nuestras metas, y movilizar los conocimientos, las emociones y la voluntad necesarias para afrontar los obstáculos que nos encontraremos en el camino que debemos recorrer para alcanzarlas. Atendiendo a esta definición, podemos comprobar que una adecuada gestión de nuestras emociones (o las del niño), es esencial para alcanzar los proyectos que nos planteemos.

El test de la golosina: En los años 60, el psicólogo Walter Mischel, realizó un experimento, en el cual llevó a varios niños, de forma individual, a una sala donde había una golosina, y les daba la instrucción de que si resistían la tentación durante quince minutos, pasado este tiempo podrían comerse dos golosinas. Hubo algunos niños que se comieron la golosina antes del tiempo estimado, y otros que aguantaron los quince minutos y obtuvieron su recompensa.

Lo interesante de este test, es que posteriormente se hizo un seguimiento a los niños que participaron hasta que se convirtieron en adultos. Y se comprobó que aquellos niños que habían logrado contener sus impulsos de comerse la golosina antes del tiempo acordado, durante su vida habían sido más capaces de perseverar en conseguir sus objetivos profesionales, eran menos proclives a caer en la depresión, tenían vidas más estables y disfrutaban de relaciones más duraderas.

Concluyendo, podríamos decir que a éstos niños les fue incluso mejor que a aquellos que habían obtenido mejores puntuaciones en los test de inteligencia convencionales, pero que no habían sido capaces de controlar sus impulsos ante la dulce tentación de la golosina.

Es por este motivo por el cual debemos empezar a tomar conciencia de la importancia de educar en las emociones.

Allá donde vayamos, nuestras emociones siempre vendrán con nosotros. Siempre que emprendamos un nuevo proyecto, o nos fijemos cualquier meta u objetivo en la vida, nuestras emociones pueden ser la mejor herramienta para conseguirlo, o un obstáculo insalvable que nos impedirá avanzar.

En mi opinión, la Inteligencia Emocional y las habilidades sociales, deberían formar parte del proceso educativo convencional y formar parte del trabajo desarrollado en las aulas. Para ello considero que sería necesario que se elaboren contenidos específicos para estas materias y que éstas no se limiten a formar parte del denominado «currículum oculto», ya que a veces de tan oculto que se encuentra, no llega a ver la luz

¿Por qué no empezamos cuanto antes?

por Antonio Pérez Leal.


El Líder en Mí es un modelo educativo que estamos implementando en más de 3.000 centros educativos en el mundo, incluso en Uruguay. Fortalece las habilidades socio emocionales en adultos y chicos, comenzando con la simple toma de conciencia de sus acciones, para luego aprender a tomar decisiones en base a esa conciencia. Aprenden a ser responsables, a tomar iniciativa, a ser empáticos, a equilibrar su coraje y su consideración. Aprenden a ponerse metas y alcanzarlas, a mantener relaciones equilibradas y duraderas, a trabajar en equipo productivamente. Todas estas – y muchas otras – son las competencias y habilidades que pueden aprender a lo largo del ciclo escolar dentro de un marco que asegura que todos los chicos lo aprendan, con la flexibilidad de que cada centro educativo (y clase) lo adapte a su cadencia y estilo.
Consúltenos y con gusto le contamos: Capacitar@franklincovey.edu.uy 

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