¿Cuál es el propósito de la educación cuando la IA golpea nuestra puerta?

La siguiente nota fue escrita por Hans Vestberg, CEO de Verizon Communications


La potencial automatización de muchos puestos de trabajo plantea algunas preguntas grandes y complicadas, pero una de ellas no ha recibido suficiente atención: ¿cuál es el verdadero propósito de la educación en un momento en que las máquinas se vuelven cada vez más inteligentes?

Me he pasado toda mi carrera trabajando con algunos de los ingenieros más brillantes en tecnología y con los mejores profesionales humanitarios de la ONU, pensando en cómo podíamos aportar los beneficios de la innovación tecnológica a nuestros clientes y a nuestra sociedad global. El último y más poderoso de estos es el lanzamiento inminente de la red inalámbrica de quinta generación (5G), que puede manejar 1.000 veces más volumen de datos que los sistemas actuales.

A medida que la tecnología evoluciona, me resulta cada vez más claro a mí que nuestros sistemas educativos no están preparando a las personas para las oportunidades que presentarán los avances de 5G y otros avances de la Cuarta Revolución Industrial. Los educadores, los responsables de la formulación de políticas educativas nacionales, las ONGsy la comunidad empresarial deben afrontar este hecho, incluso si (especialmente si) esto significa cuestionar las prácticas que arrastramos durante años sin cuestionarlas.

Reuters Eric Gaillard

A medida que más computadoras igualan o superan las capacidades cognitivas humanas, veo tres grandes propósitos para la educación:

  • Lo más obvio es que inculque las habilidades STEM (ciencias tecnología, ingeniería y matemáticas) de calidad necesarias para satisfacer adecuadamente las necesidades de nuestra sociedad cada vez más tecnológica;
  • Tan importante como lo anterior, es inculcar la comprensión cívica y ética que permitirá a los seres humanos manejar estas poderosas tecnologías con sabiduría, perspectiva y el debido respeto por el bienestar de los demás;
  • Encontrar formas mucho más creativas y convincentes para satisfacer estas dos primeras necesidades en una gama mucho más amplia de edades y situaciones de la vida que tradicionalmente ha sido el caso en nuestros sistemas educativos.

La lógica es sencilla: como se señalo anteriormente, el valor de estos temas en una era impulsada por la tecnología es indiscutible. En todo caso, nuestra sociedad debe mejorar significativamente su educación STEM en todos los niveles de ingresos y grupos de edad y entre ambos géneros.

Sin embargo, se puede decir que el creciente enfoque de nuestra sociedad en STEM, aunque loable y necesario, ha generado una mentalidad que minimiza los propios temas que podrían ayudarnos a convertirnos en mejores administradores de la tecnología. Esas materias incluyen humanidades centrales como la historia, la filosofía, la literatura y las artes.

La idea aquí no es privilegiar algunos temas sobre otros; más bien, lo que planteo es sacarnos de la dicotomía cada vez más inútil entre las ciencias y las humanidades. Para dominar esta nueva época, necesitamos ambas, y debemos integrarlas como nunca antes.

Lo que realmente necesitamos, en resumen, son los ingenieros genéticos que han absorbido profundamente los conceptos de libros como a Brave New World  (Un Feliz Mundo Nuevo, escrito por Aldous Huxley) e historiadores que son capaces de utilizar sofisticados análisis de datos. Las ciencias tienen que dar más a las humanidades y viceversa.

El caso que sustenta esta integración surge diariamente de los titulares de los medios de información. Una y otra vez en los últimos años, hemos visto ejecutivos expertos en tecnología cometer errores no forzados a medida que interactúan con la sociedad en general en cuestiones complejas y delicadas, como la privacidad del consumidor y la integridad del sistema político.

La lección es clara: para que la tecnología cumpla su promesa de mejoramiento humano, necesita una brújula cultural y moral. Por demasiado tiempo, las disciplinas que inspiran tal brújula, las humanidades, han sido descartadas como un anacronismo; mientras que, por el contrario, pueden ser precisamente lo que nos permite hacer el mejor uso de tecnologías cada vez más potentes.

Como eterno optimista tecnológico, creo firmemente que podemos seguir siendo los capitanes de nuestro propio destino, incluso si la tecnología se vuelve más poderosa, siempre que eduquemos a nuestra gente para enfrentar el desafío.


FranklinCovey Educación cuenta con un modelo educativo denominado Líder en Mí que apoya a los alumnos a comprender la importancia y a desarrollar su brújula moral personal y a fortalecer habilidades socioemocionales que le permiten adaptarse mejor a la sociedad en la que se insertan, construyendo sobre la base de ideas diversas, aplicando empatía para comprender profundamente conceptos que nacen de paradigmas distintos y la capacidad de trabajar en equipo constructivamente de la que nacen soluciones innovadoras.

Nuestro modelo cubre desde enseñanza inicial a nivel universitario. Por más información, contáctenos en: capacitar@franklincovey.edu.uy

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Agradecemos la imagen de Eric Gaillard de Reuters.

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